Occhiali Neri es algo así como un doble regreso para Dario Argento. No sólo porque es la primera película que estrena en 10 años, sino porque es también el regreso a una forma que el prócer del cine de terror parecía haber perdido en su últimos filmsDrácula 3D, una flojisima versión del clásico de Bram Stoker, el intento fallido de revisitarse con Giallo, o la decepcionante manera en que cerró la Trilogía de las Madres con La madre de las lágrimas.

Para esta ocasión nos encontramos en terreno conocido para el realizador italiano: el de los asesinos psicópatas. Más aún, aquí nos encontramos con el arquetípico asesino de prostitutas. La protagonista es precisamente una de ellas, Diana (Ilenia Pastorelli), una call girl, como se la menciona un poco más solapadamente en un pasaje, que atiende clientes de alto nivel generalmente en hoteles de varias estrellas. El asesino ya tiene tres víctimas en su haber cuando pone sus ojos en Diana. Cuando esta se le escapa al primer asalto, la sigue con su van en una persecución frenética que termina con un accidente brutal, donde el auto de Diana se lleva puesto el de una familia china de la cual solo sobrevive un niño, Chin (Andrea Zhang). Diana sobrevive a ambos, al impacto del accidente y al intento de asesinato, pero en relación al primero le queda como secuela una ceguera permanente. Y en cuanto al segundo, está claro que el asesino no piensa irse con las manos vacías y, sabiendo perfectamente cómo identificarla y ubicarla, se va a convertir para ella en una insistente amenaza. Más temible aún por la nueva condición de vulnerabilidad de su futura víctima, apenas asistida por una perra lazarillo y el pequeño Chin, a quien Diana protege y recibe en su casa de manera no muy reglamentaria.  

Occhiali Neri presenta una clásica trama de thriller policial con elementos de terror realista, más cerca de los primeros films del realizador y alejada del horror sobrenatural que cultivó en, por ejemplo, Suspiria o Inferno. Pero hay una primera escena durante un eclipse que, sin salirse de los márgenes del verosímil, aporta un elemento de misterio. Una gran apertura que establece una sensación de inquietud y fatalidad inminente que de algún modo anticipa algo del destino que a Diana le espera. Son esta clase de momentos de orden casi onírico los que establecieron en buena medida la reputación de Argento como uno de los maestros del Giallo, revistiendo historias de asesinos y crímenes sangrientos con estilo y sugestión.

Argento revisita su historia aquí con mayor fortuna. De hecho, en la protagonista ciega asistida por un niño y acechada por un asesino, es difícil no ver los ecos de El gato de las nueve colas. Ochialli Neri tiene algunos elementos de Giallo, aunque su puesta no es tan colorida y psicodélica. En ese sentido se parece más a los thrillers como El Síndrome Stendhal o ¿Te gusta Hitchcock? Lo que sí hay son asesinatos brutales, sangre a borbotones, con algunos toques de gore, y un asesino obsesionado al cual nada parece detenerlo. Argento lo presenta de a poco, y hace algo interesante al poner a la van blanca en la que se mueve casi como un personaje en sí mismo, que lo oculta y a la vez lo anuncia, ya sea más sutilmente cuando la vemos pasar fugazmente de fondo o cuando arremete a toda velocidad con la vocación de llevarse todo por delante.

No todo funciona del mismo modo. Hay agujeros y casualidades, afortunadas y desafortunadas, donde la providencia a veces ayuda de más a avanzar a la trama. Pero el interés nunca decae y el tramo final en una interminable noche de pánico es pura tensión. Famoso por su inicial Trilogía de los Animales y por haberlos incluido en más de una ocasión en su filmografía, aquí le da un papel destacado a la perra lazarillo, excediéndose un poco en sus funciones, y a unas serpientes de río en una escena nocturna de puro frenesí. Occhiali Neri no está al mismo nivel de sus clásicos de los 70 (a nadie en su sano juicio se le ocurriría pedirle eso) pero es un bienvenido regreso de Argento al terreno en que mejor se desenvuelve.

OCCHIALI NERI
De Dario Argento (Italia, 2022. 90 minutos)

BAFICI 2022 – Nocturna 

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