Máximo Ciambella, director de El árbol negro, presenta su segundo largometraje Amancay,
una película en la que lo ficcional parece atentar permanentemente con abandonar la
narración.

Con una duración de un poco más de una hora, Amancay nos trae personajes en situaciones
relativamente íntimas, relativamente cotidianas. Se trata de diálogos, en general entre dos,
sobre temas que rondan en la mente y cada tanto dejan un pequeño surco a modo de huella.
No se trata de cuestiones ni demasiado banales ni, mucho menos, extraordinarias. Aunque
varios son los personajes que tienen sus diversas entradas y salidas de estas escenas para dos,
hay uno que resulta un tanto más protagónico. Se trata de Pity, una joven que al parecer desea
ser actriz o tal vez ya lo sea; difícil precisarlo.


Pity relata a una amiga lo que implicó para ella hacerse un aborto. Más adelante lee un poema
que escribió sobre ello. Uno de sus amigos le cuenta que se le ha pegado la idea de que tal vez
puede ser HIV positivo. No hay en sí evidencias, pero un descuido del pasado ahora lo
atormenta. Luego deviene un diálogo con un empleado del cementerio de Chacarita sobre el
paradero de los cuerpos de los muertos. Clases de yoga y algo de espiritismo.


Amancay va construyendo un collage de existencias más que de acciones concretas pero
intentado mantener un hilo muy delgado como sostén entre cada una de estas imágenes y
diálogos. En este sentido, la cámara se mueve como un dispositivo curioso y tal vez un tanto
entrometido. Por momentos, parece invisible y por otros, toma el lugar de la mirada de un
testigo indiscreto.


Uno se pregunta qué es lo que el cine aún tiene para mostrar, qué tiene para registrar, si es
que no hay una pretensión de construir una ficción cuando menos uno podría interrogarse
sobre lo que merece nuestra atención.
Desde esta perspectiva, Amancay se acerca más a los
objetivos del impresionismo visual que a los del lenguaje cinematográfico. Esto es así porque lo
que pone en juego es que toda escena es digna de ser “enmarcada” y en toda escena, lo
relevante resulta esa mirada fortuita que se deposita sobre los objetos del mundo.

Amancay es eso y nada más que eso, pero tener una claridad respecto de qué hacer con una cámara y
un micrófono no parece poco. Una buena oportunidad para repensar cómo nos vinculamos
con lo que se nos aparece sin ser buscado.


AMANCAY
De Máximo Ciambella (Argentina, 2022, 67 minutos)
BAFICI 2022 – Competencia Argentina

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