Estreno en salas.

La nueva película del actor, guionista y director polaco Jack Borcuch (Aquello que amamos; Kallafiorr) posa su mirada ante la xenofobia e intolerancia creciente en el continente europeo, y cómo ese miedo al otro afecta sus vínculos afectivos.

Rodada en la Toscana italiana, las imágenes nos adentran en la casona de la poeta judía polaca, María Linde (Krystyna Janda), quien se refugió en esa tierra luego de la ley marcial en Polonia. Galardonada con el premio Nobel de literatura, María vive junto a su marido y disfruta de su reciente cumpleaños junto a su hija (Kasia Smutniak), nietos, intelectuales y hasta el comisario del lugar. La armonía que se respira en medio de ese paisaje idílico, refleja el espíritu libre y desprejuiciado de María, una mujer madura que se permite gozar del romance con Nazeer (Lorenzo de Moor), un joven egipcio que fue en busca de un porvenir. Allí abrió una taberna junto al mar, donde enfrenta hostigamientos raciales de algunos lugareños. Esa tensión desencadenada por la presencia de refugiados en el viejo continente, se incrementa tras el atentado terrorista islámico en pleno Roma. Pero María, que ha vivido la experiencia del holocausto de sus padres y sintió el odio antisemita al ser judía, aprovecha la entrega de un premio otorgado por el alcalde para ofrecer un discurso polémico que desata el rechazo local y familiar. Ese antes y después en su vida, será el precio que deberá pagar por defender su postura moral y su pensamiento frente a la realidad.

Desde el inicio, la llegada de inmigrantes en un barco; la figura de su amante egipcio, que es sospechado de ocultar al nieto de María, como la fuga de refugiados hacia las costa italiana, exponen la rispidez, el rechazo y el miedo que genera el proceso multicultural en la sociedad europea, ante lo cual la intelectualidad y permeabilidad de su protagonista, quien estuvo del otro lado y ya dijo todo lo que pudo a través de su poesía, revela frente a la hipocresía local su costado más rebelde y contradictorio.

Con sutileza y elegancia, la puesta en escena fluye con armonía, a pesar de algunos tropiezos o cuestiones irresueltas, para combinar el costo de sentirse libre frente a una sociedad que reprime con el encierro a quienes piensan distinto. Así lo simboliza esa jaula de hierro en medio de la plaza donde todos circulan indiferentes.

Interpretada magníficamente por Krystyna Janda, la actriz preferida de Kieslowski, y premiada por su papel en el Festival de Sundace, en su rol de escritora nos ofrece el valor de la poesía y la palabra frente a la irrupción de tanta violencia.

Dolce Fine Gionarnata intenta ser el reflejo de los nuevos tiempos, sobre los cuales Borcuch no intenta dar respuestas ni soluciones, tampoco juzga a sus protagonistas, más bien los expone a una necesaria autocrítica.

DOLCE FINE GIORNATA
Dolce Fine Giornata. Polonia, 2019.
Dirección: Jacek Borcuk. Guion: Jacek Borcuk, Marcin Cecko, Szczepan Twardoch. Intérpretes: Krystyna Janda, Kasia Smutniak, Lorenzo de Moor, Antonio Catania, Vincent Riotta, Mila Borcuch. Fotografía: Michal Dymek. Edición: Przemyslaw Chruscielewski. Duración: 96 minutos.

Compartir