Estreno en salas.

«Hay una forma muy específica de hacer películas y yo siempre hago mis películas para la gran pantalla”, dijo Tom Cruise en la premiere mundial de Top Gun: Maverick en el Festival de Cannes, a modo de breve manifesto sobre el filme que hoy se estrena en la Argentina.

En el llamado “festival de festivales” la estrella estadounidense llegó a la presentación de la película en helicóptero y poco antes de la proyección una escuadra de la aviación francesa surcó en vuelo rasante el Boulevard de la Croisette, en donde se encuentra el Palais en donde se proyectó Top Gun: Maverick.

Las palabras de Cruise, el helicóptero y los aviones sobre Cannes, son elementos prescindibles, sí, pero complementarios del cine entendido legítimamente como espectáculo, más grande que la vida y sin las partes aburridas.

Top Gun: Maverick se desarrolla en ese espacio, sin más ambiciones que entretener y honrar a su antecesora.

En ese sentido el filme de Joseph Kosinski –que ya había trabajado con Tom Cruise en Oblivion: El tiempo del olvido-, cumple e incluso supera ampliamente a la película de Tony Scott estrenada en 1986.

Si en Top Gun: Pasión y gloria se trataba de una producción sin profundidad, con un relato endeble que se montaba en el impacto y sobre todo en el fin apenas velado de sus objetivos propagandísticos, en esta segunda parte la historia se asienta sobre lo rescatable de su predecesora, es decir, sus personajes. Kosinski los hace crecer y además los respeta.

Maverick (Cruise) es el mejor piloto de las fuerzas armadas estadounidenses, una leyenda por sus proezas pero también por su rebeldía, que lo estancó en el grado de capitán durante décadas, mientras sus compañeros de promoción ocupan los puestos más altos dentro de la estructura militar, como el recordado Tom «Iceman» Kazansky (Val Kilmer), ahora almirante.

Empujando los límites más allá de lo que recomiendan manuales en tiempos de drones y precisiones programadas por sofisticados elementos tecnológicos, una molestia obsoleta que irrita a sus superiores con sus osadías, Pete «Maverick» Mitchel es un dinosaurio que soporta estoico la modernidad que le imponen, convencido que los pilotos son el alma del combate.

Pero casi jubilado, humillado y despreciado, Maverick sigue siendo necesario para primero entrenar y luego comandar una misión imposible que tiene como objeto destruir una planta de uranio en un país indeterminado, que se descuenta en el contexto de las tensiones predominantes de la geopolítica del presente, se trata de Rusia.

Bajo el ala de «Iceman», que apaña al héroe ante los altos mandos que están en contra del veterano aviador, Maverick  se carga la misión al hombro, convencido que los pilotos y pilotas a su cargo podrán con el desafío, pero antes tendrá que trasmitirles su impronta, la herencia guerrera desafiando toda lógica y más allá de las fuerzas abrumadoras que tendrán que enfrentar.

De lo que se trata es del legado, de Maverick con las nuevas generaciones, de Iceman y la tradición que ayudaron a perpetuar junto a su viejo amigo -la aparición de Kilmer, enfermo de cáncer en la vida real pero clave para sostener el relato, es realmente conmovedora-, en definitiva, del paso del tiempo de los protagonistas frente a los desafíos del presente.

Pero claro, el hoy para Maverick está cargado de historia, como la difícil relación que entabla con uno de los pilotos a su cargo, Bradley ‘Rooster’ Bradshaw (Miles Teller), hijo de su amigo Nick «Goose» Bradshaw (Anthony Edwards) muerto en combate décadas atrás; o Penny Benjamin (Jennifer Connelly), una antiguo amor con posibilidades de segunda vuelta.

Con todos esos elementos Top Gun: Maverick elabora una mescolanza atractiva, en donde el romance y el enfrentamiento generacional conviven con la tradición, el valor y el sentido del deber.

La declaración de principios de Cruise en cuanto a ver cine en las salas y la experiencia de compartir una película de manera colectiva, en “Maverick” se cumple a rajatabla, con un espectáculo -para disfrutar en el cine- lleno de emoción, en donde las escenas de acción, heredera del mejor cine de aventuras, están rodadas con esfuerzo para que parezcan del período analógico más que del digital.

Y es que la película bien podría estar fechada en los ochenta, con su cursi carga de testosterona, su chistes tontos, los autohomenajes tan adorables como berretas –la famosa escena del vóley de la primera se replica pero ahora en un momento de fútbol americano playero, por supuesto, poblado de fabulosos torsos desnudos y convenientemente sudorosos- y la hiper conciencia de un artefacto pop que fue despreciado al principio pero que luego alcanzó la categoría de clásico, para ingresar de lleno a la cultura popular global.

TOP GUN: MAVERICK
Top Gun: Maverick. Estados Unidos, 2022.
Dirección: Joseph Kosinski. Intérpretes: Tom Cruise, Miles Teller, Jennifer Connelly, Jon Hamm, Glen Powell, Lewis Pullman, Charles Parnell, Bashir Salahuddin, Monica Barbaro, Jay Ellis, Danny Ramirez, Greg Tarzan Davis, Ed Harris y Val Kilmer. Guion: Ehren Kruger, Eric Warren Singer y Christopher McQuarrie. Fotografía: Claudio Miranda. Edición: Eddie Hamilton. Música: Lorne Balfe, Harold Faltermeyer y Hans Zimmer. Distribuidora: UIP (Paramount). Duración: 130 minutos.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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