"La Reina", de Stephen Frears.

El 6 de febrero de 1952 la princesa británica Elizabeth Alexandra Mary fue proclamada reina luego de la muerte de su padre Jorge Vl y un año después fue coronada como Isabel ll, en una asunción real en la abadía de Westminster que por primera vez fue transmitida en directo para la televisión, mientras que a la par, un equipo de los estudios de cine The Rank Organization también filmó el evento que luego se convirtió en A Queen is Crowned, ganadora del Globo de Oro a la Mejor Película Documental.

Monarca del Reino Unido desde los 25 años, con 70 años en el trono -el más largo de la historia-, la representación de Isabel ll en el cine (documental, ficción y también animación), la televisión y hasta en comerciales, con el correr de los años trascendió holgadamente su figura para convertirse en parte de la cultura popular globalizada.

Si bien hasta el momento no hay una biopic sobre Isabel ll, su figura, influencia y trascendencia permean numerosas películas y series que abordan a la realeza inglesa.

Entre la cantidad de material audiovisual sobre los Windsor, la familia real británica en el poder desde 1917, hay dos grandes grupos que abordan la figura de la reina: las producciones centradas directamente en su figura y otras, en donde su influencia determinó el destino de numerosas figuras.

Por supuesto, al primer grupo corresponde «The Crown» (2016), la serie de Peter Morgan que se vio en la plataforma Netflix y se convirtió en un suceso de audiencia en el mundo, reflejando en cada una de sus primeras cuatro temporadas -que serán seis-, los distintos aspectos de la vida de la reina a través de las los protagónicos de Claire Foy, Olivia Colman y como está prevista para las últimas dos entregas, Imelda Staunton, la recordada Dolores Umbridge de la saga de Harry Potter.

Y en el cine, también con Isabel ll como protagonista, se puede citar a la naif Noche real (2015), de Julian Jarrold (2015), que ubica a la joven Elizabeth junto a su hermana Margaret el 8 de mayo de 1945, cuando a Alemania Nazi se rinde ante los aliados y las dos princesas salen del Palacio de Buckingham para disfrutar de las celebraciones del Día de la Victoria como ciudadanas comunes.

Y claro, no se puede obviar La Reina (2006) de Stephen Frears, con una magnífica Helen Mirren, dando vida a la reina y la estrategia que arma junto al primer ministro Tonny Blair para amortiguar los efectos devastadores de la muerte de Lady Di en la familia real y ante la opinión pública.

El crítico y teórico del cine Bill Nichols en su libro «La representación de la realidad», el atractivo de las películas documentales reside «en su capacidad para hacer que cuestiones atemporales nos parezcan, literalmente, temas candentes» y agregaba, «el nexo entre el documental y el mundo histórico es el rasgo más característico de esta tradición».

En ese sentido, desde el momento de su asunción, con la trasmisión televisiva y luego el éxito del documental A Queen is Crowned (narrado por Laurence Olivier y con la banda de sonido grabada por la London Symphony Orchestra), intuitivamente la reina entendió que una de las misiones primordiales de su mandato era preservar y proyectar hacia el futuro una institución caduca como la realeza, y el cine, la televisión y cualquier instrumento de comunicación masivo serían indispensables para cumplir ese objetivo.

Así, la atemporalidad de la que habla Nichols se aplica a la necesidad de la corona preservar su statu quo poniéndolo como un tema prioritario de la agenda inglesa, como el inédito especial -abordado por un capítulo de «The Crown»– del Servicio Público de Radio y Televisión del Reino Unido (BBC) de 1969, en donde se mostraba la «cotidianidad» de la familia real hasta cierto punto «desacartonada» y más cerca del «pueblo».

Lo cierto es que ya en los ochenta, la ficción fijó su mirada en los Windsor, con una sucesión de títulos en donde la reina suma pocos minutos de pantalla pero en donde su sombra se proyecta sobre diferentes personajes de la casa real.

Entre las producciones más importantes se encuentran El romance real de Carlos y Diana (1982) de James Goldstone, que recrea de manera pasteurizada los amores de Carlos y Diana de Gales; y La dama de hierro (2011) de Phyllida Lloyd, un retrato de la primera ministra conservadora Margaret Thatcher protagonizado por Meryl Streep.

Y además Diana (2013) del alemán Oliver Hirschbiegel con Naomi Watts como la princesa de Gales y su escandaloso romance con un cirujano de origen paquistaní; el telefilm King Charles III (2017) de Rupert Goold, nada menos que una ucronía que especula sobre un posible reinado de Carlos de Gales luego de la muerte de la monarca; y la reciente Spencer (2021), del chileno Pablo Larraín, que muestra a Lady Di (Kristen Stewart) y su derrumbe psicológico durante su estadía de tres días con la familia real.

Pero además de las intrigas palaciegas, la política, la voluntad de preservación y los intentos para mantenerse vigente más allá de toda época reflejados en la ficción y el documental, la figura de la reina británica también fue tomada por otros formatos como la comedia satírica y hasta la animación.

En estricto orden cronológico, La pistola desnuda (1988) de David Zucker tal vez es la más despiadada mirada sobre Isabel ll, con una cantidad de gags físicos, elementales, pero efectivos, protagonizados por el incompetente teniente Frank Drebin (Leslie Nielsen), encargado de custodiar a la reina (Jeannette Charles) durante su visita a la ciudad de Los Ángeles.

En el mismo camino se inscribe Austin Powers en Goldmember (2002) de Jay Roach, otra vez con Jeannette Charles como la longeva soberana.

Y en el caso de la animación, solo por nombrar dos ejemplos, está el ineludible capítulo «Los monólogos de la reina» de «Los Simpson» (2003) de Matt Groening, con una furiosa Isabel que condena a muerte a Homero por haber chocado su carruaje real. A esta «participación» se le puede sumar Minions (2015, de Pierre Coffin y Kyle Balda, que en una desopilante escena musicalizada por «You really got me» de The Kinks, la reina le da una paliza a uno de los protagonistas amarillos.

La vigencia y voluntad de participar activamente de los acontecimientos del presente a través de los medios, se comprueba con «London 2012: Olympic Ceremony» (2012), de Danny Boyle, en donde aun con sus 86 años para ese momento, dio su consentimiento para que a través de una doble, protagonizar el corto de apertura de los Juegos Olímpicos, lanzándose en paracaídas con James Bond (Daniel Craig). Más británico no se consigue.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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