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“¿Qué tengo que saber para ser la próxima gran estrella porno?” pregunta y se pregunta Linnea después de hacer su primera escena hardcore. Para entonces ya adoptó su nombre artístico, Bella Cherry. Acaba de llegar desde Suecia a Los Ángeles, capital del cine triple X, con la intención declarada de ganarse un lugar destacado en una industria donde destacarse no es lo más sencillo. Lo que tiene que saber lo irá aprendiendo sobre la marcha y no siempre de la manera más plácida. Pleasure es precisamente la crónica de ese aprendizaje, lo que hay que aceptar, lo que hay que asumir, qué hacer, qué no, con quien hay que relacionarse y cómo.

Pleasure es el primer largometraje de la realizadora sueca Ninja Thyberg, quien cuenta con un buen número de cortos previos. Uno de ellos, de 2013, se llamaba precisamente Pleasure y se podría considerar el germen del film actual, donde en un rodaje porno una de las chicas se prepara para hacer un doble anal, una situación que se reproduce en una de las escenas del largo. Linnea, o Bella porque no volveremos a oír su nombre real salvo en una conversación telefónica con su madre, llega a Los Ángeles con ambiciones pero no demasiada orientación. Se diría incluso con cierta ingenuidad. En su interés de introducirse en la industria y llamar la atención de la gente adecuada prueba con subgéneros o nichos en los cuales no está familiarizada. En algunos sale mejor librada, con una experiencia de respeto y cuidado, como en una sesión de Bondage. En otros no tanto y se hace claro que no está preparada para eso. Así atraviesa con bastante dificultad la mencionada escena de doble anal y tiene que suspender sin poder concluir una escena de humillación y maltrato. En esta, que es a su vez una de las escenas más incómodas de la película, los límites entre  el abuso simulado y el abuso real se vuelven bastante difusos y la tolerancia que Bella tiene o cree tener se quiebra. Porque en parte se trata de eso: hasta dónde se es capaz de aguantar y hasta dónde llegan los propios límites. Tener eso en claro es clave y es una de las cosas que Bella va a tener que saber sobre este trabajo y sobre sí misma.

Thyberg se plantea la película como una mirada acerca de la industria del porno que adquiere características que en ciertos momentos parecen documentales. Se observa en el registro casi quirúrgico de todos los preparativos físicos de la actriz, que incluyen afeitado del pubis, lavado vaginal o en algún caso dilatación con aparatos. Pero sobre todo, y es un aspecto interesante de ver, el registro de todos los procedimientos contractuales y legales requeridos para filmar una escena, el registro minucioso del consentimiento, de que la performer declare su conocimiento preciso de lo que va a hacer, lo que va a cobrar, que tiene la edad adecuada (la retratan con su documento y un diario del día), y que sabe que puede parar en cualquier momento. Una serie de parapetos y cuidados que tienen que ver con evitar cualquier problema posterior y que le dan credibilidad al relato e introducen un detrás de escena no muy explorado.

En esta exploración, Thyberg se planta frente a su objeto con cierta distancia crítica. No muestra la intención de hacer un retrato idealizado ni tampoco una demonización de una industria a la que retrata exactamente como eso: como una industria, con sus reglas, sus requisitos, sus códigos, sus sobreentendidos, sus metas, sus marcas de prestigio, sus lados más amables y sus aristas más sombrías. Así, Bella  tiene momentos de amistad, de camaradería y complicidad con compañeros y compañeras pero también momentos difíciles, humillaciones y maltratos. Thyberg muestra tanto el lado más profesional y responsable como los rasgos más cuestionables de un negocio dominado casi exclusivamente por hombres, en donde el abuso y el sometimiento hacia la mujeres es frecuente.

Bella es interpretada por la actriz sueca Sofia Kappel, quien hace un notable debut en un personaje muy demandante, se carga al cuerpo buena parte del peso del film y brinda una performance jugada y creíble, con varios momentos de incertidumbre y vulnerabilidad. El resto del elenco está compuesto en su enorme mayoría por verdaderas personalidades del cine porno, actrices y actores, directores o agentes, interpretando papeles o haciendo de sí mismos. Esto hace también al carácter documental y a la verosimilitud del retrato, al mismo tiempo que da cuenta de la profundidad de la investigación que la realizadora hizo acerca del medio.

La puesta en escena no incluye sexo explícito sino que juega (literalmente) en el límite. Eso es claro en la primera escena de sexo, con una fellatio filmada mayormente desde la cámara del varón, donde vemos parte del rostro de la actriz y el contacto físico está específicamente en el borde de cuadro. No faltan sin embargo escenas comprometidas o difíciles pero están mayormente relacionadas a lo que Bella tiene que soportar. De todos modos, la realizadora tampoco victimiza todo el tiempo a su protagonista y por eso esta, cuando tiene la oportunidad, ejerce sobre otra actriz el mismo abuso que sufrió de parte de otros. En ese punto, Thyberg termina mostrando al porno en lo tiene de semejante con cualquier otra industria sometida a las generales de la explotación capitalista, aunque allí a veces se pueda ver de una manera un poco más cruda o transparente. Se trata de ser sometido o someter y en qué posición ubicarse. Es decir, del poder.

PLEASURE
Pleasure. Suecia/Países Bajos/Francia, 2021.
Dirección: Ninja Thyberg. Elenco: Sofia Kappel, Zelda Morrison, Evelyn Claire, Chris Cock, Dana DeArmond, Kendra Spade, Jason Toler, Mark Spiegler.Guión: Ninja Thyberg, Peter Modestij. Fotografía: Sophie Winqvist. Música: Karl Frid. Edición: Olivia Neergaard-Holm, Amalie Westerlin Tjellesen. Diseño de Producción: Paula Loos. Duración: 107 minutos.

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