Estreno en la Sala Lugones del San Martín y desde el viernes 29 de julio en la plataforma MUBI.

Decir Body Horror es decir David Cronenberg. No porque haya inventado el subgénero, sino porque el cineasta canadiense se ha transformado en la referencia ineludible tras haber explorado de manera exhaustiva, sobre todo en la primera parte de su filmografía, unas cuantas de las posibilidades de transformación, deformación, enfermedad, mutilación o modificación consciente del cuerpo, armando un corpus (nunca mejor dicho) consistente y personal. El nuevo milenio lo vio transitando otros caminos, no necesariamente menos inquietantes. Por eso el estreno de Crímenes del futuro en la última edición del Festival de Cannes, donde su participación tuvo una previsible expectativa, una merecida recepción de público y crítica y un injusto ninguneo a la hora de los premios, se sintió además como una vuelta a las raíces, donde Cronenberg pone en primer plano sus obsesiones corporales como no lo hacía desde eXistenZ en 1999.

Viggo Mortensen vuelve a trabajar por cuarta vez con Cronenberg, esta vez para interpretar a Saul Tenser, un artista de performance que junto a su compañera Caprice (Léa Seydoux) presenta muestras/espectáculos donde el cuerpo, su propio cuerpo, es objeto y protagonista. Estamos en un lugar indeterminado en un futuro presumiblemente cercano donde la humanidad, o parte de ella, empieza a adaptarse a la tecnología y la vida moderna y a evolucionar provocando cambios en su cuerpo. En el caso de Saul estas mutaciones implican el surgimiento de nuevos órganos sin una función conocida y que no forman parte (o no todavía) de un sistema. Objetos extraños, se dirían parasitarios, que son extirpados en público por Caprice mientras Saul se somete al show de la mesa de operaciones. La vanguardia es así.

En este escenario el dolor corporal parece haberse suprimido y la búsqueda de nuevas sensaciones está a la orden del día. Y mientras Saul y Caprice disfrutan a su manera de su celebridad, deben a su vez reportarse a una entidad llamada Oficina del Registro Nacional de Órganos, aun sin presentación oficial pero ya en funcionamiento para controlar la nueva emergencia orgánica. Una de sus responsables, Timlin (Kristen Stewart), se muestra más que entusiasta por el trabajado realizado por nuestros artistas. Al mismo tiempo los miembros de un grupo clandestino intentan ponerse en contacto con Saul para hacerle una oferta que les serviría para dar a conocer su credo acerca de la próxima etapa de la evolución humana.

Crímenes del futuro funciona como una suma de varios de los temas y obsesiones que Cronemberg ha ido mostrando a lo largo de su obra. Llamarla con él mismo nombre de una de sus primeras películas de 1970, aunque no se trate de una remake ni una secuela, podría ya tomarse como una suerte de declaración o de indicio. Varias escenas y momentos remiten a otras escenas y momentos previos. En este repaso podemos recordar las mutaciones corporales de sus primeras películas de terror, las agencias que las monitorean o persiguen como en Scanners, los grupos clandestinos que hacen militancia a favor del cambio como aquellos que gritaban “larga a vida a la nueva carne” en Videodrome (“la cirugía es el nuevo sexo” es aquí el slogan actualizado) o los que reaccionaban violentamente en contra como los anti-virtuales de eXistenZ. También en el vínculo del cuerpo y particularmente de la cirugía con el arte como en Pacto de amor y del erotismo y las  nuevas formas de goce como en Crash. La escena de Saul y Caprice desnudos en su mesa de disecciones recuerdan a aquella  adaptación de la obra de J.G. Ballard, mientras los escenarios por los que los personajes deambulan ocurren en algún lugar bastante parecido a la Interzona de El almuerzo desnudo, cuando el adaptado (libremente) era William Burroughs. Incluso ese Saul que se mueve encapuchado como un monje recuerda un poco a los cirujanos de Pacto de amor en una versión más opaca.

Pero no todo es cita y autorreferencia, aunque el cinéfilo pueda  emocionarse buscándolas  (y encontrándolas). Más bien este film podría pensarse como un Cronenberg en crudo o, como se dice un poco pomposamente, en estado puro. Donde pone bien al frente ese universo inequívocamente propio, hecho de órganos, de fluidos, de miembros que mutan y quieren liberarse contra el vano intento de controlarlos o reprimirlos, con personajes que se entregan a sus obsesiones aun a riesgo de consumirse. Y  si de obsesiones se trata, Cronenberg es fiel a las suyas.

Aunque vengamos hablando hace un rato de Body Horror, Crímenes del futuro no es exactamente una película de terror. O no lo es de la manera más obvia. Pareciera estar más del lado de una ciencia ficción que podría ser distópica, un comentario muy ácido sobre el mundo del arte, un curioso manifiesto político, un ejercicio de anticipación que podría estar denunciando horrores futuros o invitando a abrazarlos. Cronenberg es contundente y a la vez sutil, lo suficientemente ambiguo por no dejar un juicio demasiado cerrado acerca de lo que muestra. Y aunque algunas de sus escenas sean impresionantes y perturbadoras, bastante lejos está de la mera exhibición de atrocidades (para citar al ya nombrado Ballard) de cierto cine de género, incluso alguno que cae en el saco del Body Horror, demasiado ocupado en espantar con imágenes brutales y sin sustancia. Su revulsión es tan intelectual como física y eso lo hace más estimulante. Un artista que a sus 79 años sigue con ansias de provocar y generar debate, que sigue demostrando por qué desde hace cinco décadas es uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo.

CRÍMENES DEL FUTURO
Crimes of the Future. Canadá / Reino Unido / Grecia, 2022.
Dirección: David Cronenberg. Elenco: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart, Scott Speedman, Welket Bungué. Guión: David Cronenberg. Fotografía: Douglas Koch. Música: Howard Shore. Montaje: Christopher Donaldson. Diseño de Producción: Carol Spier. Dirección de Arte: Dimitris Katsikis, Kim Zaharko. Producción: Robert Lantos, Panos Papahadzis, Steve Solomos. Duración: 107 minutos.

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