Un escritor que sobrevive como puede, autodestructivo, decepcionado y enojado con su entorno y con la sociedad en su conjunto es el protagonista de Que todo se detenga, de Juan Baldana, que mañana se estrena en el Complejo Gaumont del barrio porteño de Congreso.

El protagonista del relato es Germán Baraja (Gerardo Otero), que con 40 años se siente perdido y vuelca su frustración en un largo monologo interior con mucho de misantropía.

Adaptación de la novela de Gonzalo Unamuno que cuenta con la participación de Luis Ziembrowski y Claudio Tolcachir, el director cuenta que quedó “petrificado” al leer “Que todo se detenga”, un texto intenso que cautivó al director.

“Me identifiqué absolutamente con la tragedia y la infelicidad propuesta en el texto, muchas veces pienso que el futuro se avizora nulo y pesimista en muchos aspectos”, confiesa el realizador de Soy Huao, Sintientes (2020), Desequilibrados (2021) y que ya prepara Lila, la secuela de Que todo se detenga.

¿Cómo nació el proyecto? ¿Por qué decidiste adaptar para el cine la novela de Unamuno?
Primero leí una crítica de “Que todo se detenga” y después compré la novela, intuyendo que podría haber una posibilidad de adaptarla al cine. La leí de un tirón y quedé petrificado, recuerdo que mientras devoraba el relato me iba convenciendo de poder filmarla. Muchas veces pienso que el futuro se avizora nulo y pesimista en muchos aspectos y me identifiqué absolutamente con la tragedia y la infelicidad propuesta en ese texto.

Luego me encontré con mi amigo Juan Palomino y le conté que el libro me había parecido una verdadera piña en la cara y él, sin dudar, lo llamó a Gonzalo Unamuno. A los pocos días, nos encontrábamos los tres y firmamos el contrato que significó mucho más que un acuerdo legal. Aquella noche comenzó una amistad muy particular, porque ante todos los problemas de producción y económicos que enfrenté para poder filmar y estrenar esta película, Gonzalo me apoyó incondicionalmente y acordé adaptar “Lila”, en donde reaparece el protagonista de “Que todo se detenga”, Germán Baraja, devenido en un psicópata confeso. Hoy ya tengo escrito el nuevo guion para filmar la secuela en 2024.

¿Creés que el enojo, el hastío y la desilusión que refleja el relato son los temas que representan el clima de época?
Absolutamente. Luego de la primavera democrática que devino de los oscuros tiempos de dictadura, fuimos abducidos por el gobierno menemista durante diez largos años de corrupción institucional y la privatización del país con un endeudamiento brutal que acabó con un estallido social gigantesco. El protagonista de la película surge de esa generación que quiso creer y luego se encontró tropezando con la misma piedra de siempre. La novela se escribió en plena gestión de Néstor Kirchner con un modelo de gobierno disruptivo y virtuoso de la política económica y social en términos históricos. Luego pasó el gobierno de derecha del PRO que quiso retomar de manera desacertada el rumbo iniciado en la década de los 90 y ahora nos encontramos con un lío bárbaro, en donde pareciera que esa desilusión política del personaje de Baraja se sintiera aumentada.

¿Cómo llegaste a la decisión de que el relato tenga tan presente la voz del protagonista, en esa especie de mezcla de diálogo con él mismo y manifiesto sobre el estado de las cosas?
La novela es un soliloquio de principio a fin. Desde el primer momento me propuse como desafío crear para el protagonista una voz en off con mucha presencia, no había otra opción. Esos pensamientos cómplices de Germán Baraja con el espectador, que se producen en paralelo mientras él deshuesa a cada personaje que se le cruza en el camino, son claves a la hora de describirlo en sus oscuros pensamientos internos. No había lugar para medias tintas.

¿Qué decisiones tomaste para alivianar la historia y a la vez reflejar la angustia del protagonista?
Decidí hacer un poco más empático a Baraja, menos sucio y más colorido. En la película no camina encorvado, ni se saca los mocos con la mano para luego limpiarse la mano en el pantalón, tampoco hay cucarachas en la cocina. Con el director de fotografía y la directora de arte y vestuario construimos un universo estético más amable.

Gerardo Otero fue clave a la hora de interpretar a este sujeto insoportable. Tiene un rostro bonito y parece un niño bueno, dos características que ayudaron mucho a su impecable interpretación de hombre desangelado. También en cierta medida alivianamos la fobia social, bajándole un cambio a su ironía y desprecio con algunas temáticas que resultaban delicadas.

¿Con qué películas emparentarías “Que todo se detenga”, cuáles son tus referentes en el cine?
Mi película preferida es “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola e increíblemente me vino al pelo para analizar la voz en off que hacía Martin Sheen como el capitán Willard, que en toda su travesía loquísima, transmite al espectador su desencanto en esa espantosa guerra de Vietnam. Esa voz en off la desgravé entera y si bien es completamente distinto el discurso y el género, me sirvió muchísimo para darle identidad a mi personaje. De alguna manera, tanto a Wiliard como a Baraja, los une la imposibilidad de formar parte de este sistema social.

También rescaté una escena brillante de “La hora 25” de Spike Lee, cuando Edward Norton le habla a su propio reflejo en el espejo de un bar durante unos seis minutos, mientras se le cruzan los pensamientos en la cabeza y comienzan a traducirse en imágenes.

Mis referentes son muchos, pero puedo nombrar a Werner Herzog, Quentin Tarantino, Terrence Malick, Paul Thomas Anderson, Gus Van Sant, Lars Von Trier, David Lynch, Cristopher Nolan y de Argentina, el enorme Leonardo Favio.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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