Estreno en el Complejo Gaumont.

Martín Barrios es un fotógrafo argentino. Definición que podría ponerse en suspenso ya que, por motivos que explica en algún pasaje, no se considera un fotógrafo. Por otro lado, los escenarios de sus fotografías se sitúan mayormente en lugares alejados del planeta, principalmente en África y Asia. Hay en él una búsqueda de la otredad, de un encuentro con lo diferente y distinto, que seguramente sedujo al realizador Marcelo Gálvez para realizar un documental sobre su persona.

En Los hijos del viento las fotografías de Barrios ocupan un lugar preponderante y, a lo largo del film, podemos apreciar unas cuantas muestras de su trabajo. Fotos tomadas en los lugares más recónditos, intencionalmente apartadas de lo que conocemos como cultura occidental, con personajes a veces exóticos, a veces fascinantes, a veces misteriosos, muchas veces en su vida cotidiana, otras veces en momentos especiales o singulares de su existencia. Pero lo que a Gálvez parece interesar sobre todo, y se impone en su película, es Barrios como personaje. Sus ideas, la concepción que está detrás de la elección de determinados destinos, la forma de acercamiento a los personajes que retrata. La manera, en fin, de encarar su trabajo y su manera de encarar la vida, que, cómo se observará, son más o menos la misma cosa.

Lo primero que llama la atención de las fotografías de Barrios, cuando se las contempla en conjunto, es precisamente los lugares en donde fueron tomadas. Locaciones que sugieren exotismo, aventura, la búsqueda de lo extraño y lo desconocido. Y uno de los puntos más interesantes del documental es el cómo y porqué Barrios elige estos destinos. Y para ello se remite a las fuentes de su juventud temprana: las viejas enciclopedias que describen países lejanos, los viejos números del National Geographic, la lectura de Kipling, los mapas antiguos, las crónicas de exploradores. Toda una mitología que proviene de los relatos de la infancia y que en su trabajo actual parece de algún modo seguir presente. El título del film hace referencia a la manera en que se llama a los Tuareg, pueblo nómada y legendario de África del Norte, que alimentó las fantasías de los jóvenes lectores del siglo XIX y XX, entre las cuales Barrios seguramente se contaba y que ahora trae en referencia.

El film incluye algunas intervenciones en off de Gálvez y otras del propio Barrios leyendo algunos paisajes de su libro. Las mismas le dan al relato cierta solemnidad que afortunadamente el propio Barrios desmiente cuando él mismo narra algunas de sus aventuras en Terra Incognita. Como una especie de heredero de esos cronistas de viaje que abonaron sus fantasías, cuenta con histrionismo y gracia algunas anécdotas que constituyen algunos de los pasajes más disfrutables: Su largo y tenso encuentro con un enorme orangután en Borneo, un encuentro también largo e incómodo y con algo de desafío con un rey africano, o su experiencia en un alejado pueblo siberiano a 50 grados bajo cero.

En esos relatos también da cuenta un poco de su método, si cabe llamarlo así, de acercamiento, que incluye retratar al otro y a la vez ser un poco como el otro, no hacer desaparecer los límites pero si difuminarlos un poco. Lo ejemplifica cuando dice que “si no tomas lo que toma el tipo, no te drogas con lo que se droga el tipo, no entendiste muy bien lo que pasa”. La idea de acercarse al lugar del otro sin borrar la diferencia, sin intentar como hace generalmente cierta idea civilizatoria, asimilarlo, sino compartir un momento de cierta comunicación, y hasta de cierta trascendencia, con aquel extraño, conservando aquello que lo hace único. Y, en ese contacto, percibir algo de su aura, de lo que hay en él de maravilloso. 

Los hijos del viento no es tanto una película sobre la fotografía o sobre un fotógrafo, aunque también lo sea. Es una película sobre la búsqueda de la aventura en el mundo moderno, donde todo parece visto, explorado y conocido. Y comprobar, entonces, que hay algo que siempre resiste y se escabulle. Se trata de salir al encuentro con lo extraordinario.

LOS HIJOS DEL VIENTO
Los hijos del viento. Argentina. 2020
Dirección: Marcelo Galvez. Intérpretes: Martín Barrios. Guión: Marcelo Galvez. Dirección de Fotografía y Cámara: Martín Bastida /Marcelo Galvez. Música original: Luis Volcoff. Montaje: Alberto Ponce .Producción ejecutiva: Marcelo Galvez. Duración: 77 minutos.

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