Foto: András Macera.

​Hace un tiempo el director Gustavo Postiglione nos contó que estaban por editar un libro suyo sobre el cine y sus últimos trabajos. Recién salido de la imprenta nos acercó «Del cine instantáneo al cine en vivo», editado por CGE de su colección Estación de Cine para regalarlo entre los lectores de Subjetiva.

Mañana, martes 30 de agosto a las 18 el realizador rosarino presentará el libro en la sala Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502, CABA), pero antes le propusimos una charla sobre el flamante texto a modo de aperitivo de lo que será un gran encuentro cinéfilo.

¿Qué es hoy el cine, qué se hizo de ese fenómeno que dominaba el debate público y convocaba masas?
Eso que llamábamos cine quizás ya no exista de aquella manera, o queden algunas pocas experiencias que se puedan asemejar. El cine es un hecho social a partir de un hecho artístico. El origen del cine surge desde dos perspectivas, algo que Octavio Getino lo planteó de manera muy interesante en algunos de sus libros, cuando decía que el cine tenía como orígenes el avance tecnológico por un lado y una necesidad social por otro. Ahora bien, ¿puede el cine ser producto de una necesidad social? Es una pregunta que me hice muchas veces ¿La sociedad puede de alguna manera a fin de siglo XIX necesitar el cine y entonces el cine aparece? Si es así es porque existía la tecnología que lo permitió. Y quién puso esa tecnología en función de esa necesidad fue (o fueron) aquellos que con una visión de vanguardia, podían conectar con el pulso de una sociedad que requería esto. Una sociedad que necesitaba de una experiencia espectacular que no fuera ni la ópera, ni el teatro ni el circo, que con niveles diferentes podían expresar, hasta ese momento, la necesidad de distracción, de entretenimiento de diferentes sectores o clases sociales. Sin embargo, cuando aparece el cine surge como una experiencia transversal, que atravesaba las clases sociales, eso le da otra magnitud y en breve esa dimensión lo transforma en un gran negocio a partir de su espectacularidad. Ese cine, el cine espectacular, de grandes masas y de gran consumo en las salas se ha bifurcado. Lo espectacular existe en las sagas de DC y Marvel, en Duna o alguna producción infantil. Puede haber excepciones, pero ese cine se mantendrá en la medida que eso que denominamos cómo espectacular solo se pueda ver en una sala, en la medida que esos exista hay un tipo de cine que sobrevivirá.
Pero cuando hablamos o hablo de cine, siempre lo pienso como algo un poco más amplio. Ese cine que haces referencia al decir que dominaba el debate público también contenía a Bergman y Gritos y susurros o Taxi Driver, Amarcord o el Woody Allen más intelectual. Una de James Bond con Roger Moore podía tener la misma cola de gente que Juan Moreira. Lo que ha sucedido ahora es que lo que llamábamos cine, en su concepción de hecho social que nos convocaba en un espacio de intimidad a personas que no se conocían, pero que tenían ganas de compartir un par de horas juntas ante lo efímero de la luz blanca con la que empieza y termina una película le ha dado lugar a otras experiencias, que son parecidas pero no tienen la misma sustancia ni provocan lo que provocaba aquello. Y mientras no encontremos otro nombre, lo seguiremos llamando cine, pero yo creo que es otra cosa y que cada vez va a mutar de una manera más rotunda. Y ese cambio también es generacional. Un pibe de 14 años puede ver la última de Batman en el cine o en el televisor y Arrow o Harry Potter en el celular. Para una generación que nació con el celular en la cuna, la pantalla tiene otro sentido, son más libres en la percepción visual y sonora. Los que nacimos en la era analógica le otorgamos un valor sentimental a la vieja tecnología.

¿Qué es el cine instantáneo y que es el cine en vivo? 
El término cine instantáneo lo empecé a utilizar a partir de experiencias que realicé con ciertas películas. En cambio el término cine en vivo lo tomé prestado de otros.
El cine instantáneo tiene que ver con una manera de hacer películas que engloba tanto criterios de producción como estéticos-narrativos que proponen la realización de un film de una manera ágil, ligera en cuanto a recursos, rápida en cuento a resolución, con una carga de improvisación (en la forma de abordaje). Tomar la cámara, apuntar al actor, disparar, moverse rápidamente, volver a apuntar y disparar. Pensar y actuar al mismo tiempo. Una técnica que podríamos decir guerrillera. Es algo que supone la posibilidad de hacer películas de una manera más libre y que no tenga la carga que muchas veces tienen las producciones en cuanto a requisitos de producción, equipos técnicos, etc. El cine instantáneo o el concepto de cine instantáneo me permite mirar el cine de otra manera y abordar una película con mucho más descaro y sin miedo a que algo impensado pueda suceder.

El cine en vivo es una experiencia que es única y que se trata de filmar la película mientras se está proyectando. Es decir mientras los actores actúan, el fotógrafo ilumina, el sonidista genera efectos y el músico toca la música en vivo. Cuando me preguntan si esto es televisión o teatro filmado, mi respuesta es que es cine ya que el criterio con el que se filma es netamente cinematográfico. La mirada es la del director de cine por lo tanto ahí está la impronta cinematográfica. Hasta ahora y que yo sepa las experiencias de cine en vivo han sido tres en el mundo, una la hizo Francis Ford Coppola en dos universidades de Estados Unidos, otra Woody Harrelson en Londres y la tercera es Simulacro -en Rosario, mi ciudad-, y la dirigí con la decisión de mis compañeras y compañeros. Creo que el cine en vivo le devuelve al hecho cinematográfico la condición de espectacularidad de la que antes te hablaba. Ver une película mientras se realiza a sabiendas que cualquier error, cualquier falla echaría por tierra el proyecto nos pone de nuevo en un espacio que solo se puede vivir de esa manera en una sala.

¿Qué pasa con las plataformas y el cine? 
Las plataformas están estableciendo no solo lo que vemos sino lo que debemos producir si queremos que nuestras películas se vean en algún circuito. De a poco, las plataformas nos tomarán como mano de obra barata y decidirán qué películas hay que hacer aquí. Las plataformas han logrado que se deje de hablar de obra para hablar de producto. Pero entendamos que lo de las plataformas y su intervención en la industria no es nuevo, es algo que siempre hizo Hollywood marcando la cancha del cine a nivel internacional. La diferencia era que al haber cines nacionales con cierta fuerza, podían ponerle un poco de freno a esa irrupción de la industria de Hollywood. Las plataformas han mejorado ostensiblemente el avasallamiento, porque antes al menos la decisión sobre ver una película de allá o una argentina, francesa o portuguesa se resolvía en el cine o en el video club a partir de una decisión personal. Pero las plataformas nos invadieron la privacidad y con los algoritmos no dejan espacio para la decisión o elección de una película.

Pero no da lo mismo ver «Más corazón que odio» de John Ford en un celular que en una sala de cine.
Nunca me interesó John Ford, así que se puede ver en un celu tranquilamente. Pero si nos ponemos a pensar un poco, esas películas de cowboys buenos contra comanches malos (o situaciones parecidas) las veíamos en televisores de tubo de pantalla cuadrada y hasta en blanco y negro. Creo que en cualquier celular relativamente nuevo se ve mejor que en la tele. ¿Quien vio Más corazón que odio en el cine en su momento y todavía vive? En todo caso y para quienes tenemos una edad de adultos casi mayores la pregunta sería ¿da lo mismo ver Blade Runner o Paris, Texas en un celular que en una sala de cine? Y ahí la respuesta será coincidente con una experiencia real de tiempo y espacio porque podemos tener el recuerdo de ese momento. De hecho fui a ver El Padrino con mi hijo de 14 al cine hace unos meses cuando la proyectaron con motivo de los 50 años de su estreno. Y yo en 1972 tenía 9 años y no la ví en el cine en ese momento. Y no sé cuándo vi El Padrino por primera vez, lo que si recuerdo es que tenía en VHS, el DVD y el BLU RAY, pero de la experiencia cinematográfica no me acuerdo y quizás la haya visto en el cine por primera vez este año junto a mi hijo que seguramente para él será un motivo de recuerdo. Te digo todo esto por lo relativo que terminan siendo algunas experiencias que tenemos frente a las películas. Añoramos la pantalla desde que nos enfrentamos con la pantalla y hasta creemos que hemos visto en una sala películas de las que si rastreamos en nuestra memoria tal vez el resultado nos lleve a un VHS. Después están las otras experiencias más selectas y que cuando empecé a ser curioso salí a buscar por donde encontraba algún ciclo y llegué a ver en copias de 16 mm a Godard o en reiteradas trasnoches programa doble en 35 mm de Un fantasma en el paraíso junto a Tommy. Pero me estoy desviando de la pregunta, ya que si volvemos a John Ford, considero que es uno de los responsables que veamos películas en celulares. Si bien no se me ocurre cuestionar su talento, él fue uno de los grandes arquitectos de un formato narrativo (la del llamado cine americano) que estableció reglas de construcción dramática, estéticas y conceptos que han definido el relato audiovisual que hoy se establece a través de las redes en un consumo masivo. Esa imposición ha blindado la posibilidad de acceder a otro tipo de cines salvo raras excepciones. Nos vemos condicionados en nuestra lectura como en nuestra manera de producir. Alabar a Ford, es alabar al imperio que nos ha impuesto una mecánica de la lectura de las películas.

¿Que les decís a los hoy empiezan a estudiar cine? 
Que piensen el cine por fuera del mercado, que se corran de las normas de los manuales de guion y que sepan mirar alrededor en el contexto, antes de filmar.

¿De las múltiples actividades que desarrollas, cuál te resulta hoy más atrapante? 
En los últimos meses me he dedicado mucho a escribir, tanto en las redes, como en textos que serán publicados a futuro como también en la escritura de mis próximos films. De hecho estamos hablando a partir de la publicación de mi libro. En estos tiempos disfruté mucho de la escritura, pero creo que son momentos. Hace un par de semanas filmé una película con el método del cine instantáneo y durante esos días solo quería filmar. La ventaja de tener múltiples actividades (como decís) es que no me aburro y siempre quiero ir por más. Ahora presento el libro, pero la idea es que en 2023 publique uno o dos mas referidos a mi laburo. Y estoy trabajando para que en 2023 pueda estar filmando una película pero de dimensiones un tanto más ambiciosas que de costumbre. Y en unos meses (el 3 de noviembre), vuelvo a tocar con «La Banda de las Películas Caseras», el grupo que desde antes de la pandemia tenía abandonado. Quizás deba pensar en una nueva obra de teatro para el tiempo que me quede libre, jeje.

¿Cuál es el eje de la Colección Estación cine? Con este título lleva editados 31 libros sobre el tema.
Estación Cine es una colección de libros dentro de la editorial CG (de Rosario) de Sergio Gioachini. Y  el responsable es Sergio Fuster, un personaje enamorado de las películas que ya lleva casi 35 libros editados y sobre cine. Es una colección única en la Argentina y me atrevería a decir única también en Hispanoamérica. Creo que llevar adelante esa empresa es una acto temerario y un tanto demencial. Yo le agradezco mucho que se hayan interesado en mi libro, como también en que me han propuesto publicar otra serie de libros que serían como pequeños fragmentos de mi memoria cinematográfica vinculada a distintas actividades relacionada con la producción de mis películas y métodos de trabajo (los actores, la música, la política, los viajes). Creo que hoy los libros mantienen la memoria más aún que la obra de la que pueden hablar. El papel trasciende el tiempo más que las películas que se diluyen en plataformas y demás. Y por otro lado entiendo que hay que dejar constancia de lo que se hace, porque si no lo hacemos quienes somos los protagonistas no podemos esperar que vengan otros a hacerlo.

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