Con un relato que sin aspavientos ni grandilocuencia,  “Girasoles silvestres”, de Jaime Rosales, demuestra una honda comprensión de los temas que aborda a través de la vida de una mujer signada en el mejor de los casos por la estupidez de los hombres y en el peor, por la violencia de género.

El director catalán, que ya había formado parte de la competencia oficial con «Tiro en la cabeza» y el resto de sus películas («Petra», «Hermosa juventud»; «Sueño y silencio»; «La soledad») fueron presentadas en distintas secciones del certamen, regresa a San Sebastián con un relato tenso y a la vez sensible, con una impresionante Ana Castillo en el papel de Julia, una joven madre con dos hijos que en busca del amor se relaciona con los hombres equivocados.

Si se tuviera que resumir la mirada de Rosales sobre la historia, podría definirse como una película que aborda los sueños, inseguridades, errores y aciertos de una mujer joven en la España de hoy. Aunque claro, los aspectos negativos de esa vida sería infinitamente menores si en vez de una mujer joven se tratara de un hombre.

Sin acentuar innecesariamente ninguno de los padecimientos de la protagonista pero tampoco sin dejar de dar cuenta con rigor y precisión cada uno de ellos, la película sigue a Ana con sus dos pequeños hijos involucrándose con un psicópata (Oriol Pla), que llega a pegarle, un ex marido (Quim Ávila) que es incapaz que asumir su responsabilidad como padre y un tercera pareja (Lluís Marqués), con quien vislumbra la posibilidad de construir una relación a futuro.

Impiadosa con el universo masculino, con una puesta que trabaja sobre la incomodidad y permea cada momento de un peligro inminente, el filme de Rosales es también conmovedor e inteligente al hacer un retrato complejo de una víctima que se equivoca, toma malas decisiones pero que además, quiere divertirse y pasarla bien.

En su aparente simpleza “Girasoles silvestres” aborda numerosos temas, pero sin duda el principal es el derecho de una mujer a ser feliz.

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