“Runner”, la ópera prima de Marian Mathias es un melodrama austero, que tiene como centro a la joven Hass (Hannah Schiller), que vive en una casa desolada del medio oeste estadounidense y debe lidiar con la repentina y absurda muerte de su padre -estafador, alcohólico y con alguna clase de enfermedad mental- por un accidente doméstico.

El universo en el que vive la protagonista es oscuro, helado, sin afecto, sin solidaridad y está saturado de chismes de los vecinos, que en la puesta son apenas un grupo de siluetas que se recortan en la inmensidad del paisaje y opinan sobre las acciones de la joven.

Además enfrenta un posible desalojo por las deudas de su padre, Hass debe atender su deseo póstumo de ser enterrado en Missouri, así que viaja con los restos pero en la travesía, conoce a un joven (Darren Houle), tan desamparado como ella.

Se trata de un relato seco, casi sin diálogos, por momentos agobiante, que recurre y en muchos casos abusa de una propuesta preciosista, con planos largos y el color reducido casi al blanco negro para dar cuenta de una gravedad impostada, de poca profundidad.

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