«Il boemo» es una biopic lineal sobre el compositor checo Josef Mysliveček, enfocada en su estadía en Venecia, a donde había llegado de joven para lograr su sueño de vivir de la música.

De origen humilde pero con un talento notable, es natural que Mysliveček fuera a buscar su futuro a la opulenta Venecia, que en el siglo XVlll probablemente ocupaba el lugar más destacado de Europa en cuanto a efervescencia cultural.

Protagonizada por Vojtěch Dyk, que lógicamente también interpreta al hermano gemelo del compositor, la película de Petr Václav no hace ningún esfuerzo por realizar una relectura del género concentrado en la vida de algún personaje notable, por el contrario, recorre cada uno de los tópicos de las biopic y muestra sin reparos su intención de ser en este siglo, algo así como la recordada y por cierto sobrevalorada «Amadeus» (1985), de Milos Forman.

Sin embargo, el relato funciona. El correcto trabajo del protagonista, el drama de la ópera -arriba del escenario pero sobre todo en la vida privada de los músicos y los y las intérpretes-, y el acento puesto en su agitada vida amorosa con mujeres influyentes que lo ayudaron a relacionarse con los poderosos, absolutamente necesarios para ser tenido en cuenta por los principales teatros e incluso por la realeza que con su presencia validaba y hacía caer en desgracia, son los elementos que aunque obvios, están dosificados con inteligencia para que el relato avance.

Y claro, el otro factor es la maravillosa música de Mysliveček que acompaña la puesta fastuosa y la tragedia de la vida real del compositor, que brilló, sufrió una cruel enfermedad y murió en la pobreza y el olvido, elementos irresistibles para cualquier biopic que se precie.

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