Estreno en salas.

Iván (Fabián Vena) viaja a un pueblo de la costa junto a su novia Ceci (Sonia Zavaleta) para
arrojar al mar las cenizas de su padre recientemente fallecido. La operación no resulta como
estaba planeada al principio y la pareja se dirige al hotel en que se hallan hospedados para
repensar la situación y para que Iván se tranquilice. Allí se produce un encuentro
inesperado y providencial. Iván descubre que la dueña del establecimiento es Sofía (María
Ucedo
), una ex pareja a quien abandonó hace años y, sabremos después, él considera “el
amor de su vida”. Esto desata varios conflictos, en principio uno entre el protagonista y su
novia actual, y también un conflicto interno del propio Iván, a quien el encuentro le remueve
cuestiones sin resolver y lo lleva a hacer una revisión de su pasado y presente, acerca de lo
que fue, lo que pudo haber sido y no fue por su propia cobardía y malas decisiones.
Diego Musialk apuesta por la emotividad y el despliegue sentimental de personajes en
crisis. Lo hace de una manera muy poco sutil, arrojándole a su protagonista una
acumulación de calamidades y circunstancias para procesar todas juntas al mismo tiempo:
la muerte de su padre, la crisis con su pareja, el encuentro con la mujer a la cual abandonó
y de lo cual se arrepiente y, por si fuera poco, una revelación que llega promediando el
relato, que no vamos a revelar acá, y que pone broche de oro al desfile de eventos
desafortunados. O afortunados, si consideramos que, como parece postular la película,
crisis es oportunidad.
La muerte del padre termina relegada como apenas una excusa para que los personajes se
encuentren. De este padre nada sabemos, y de la relación del hijo con este, poco y nada se
dice. Lo que termina pasando adelante es el reencuentro de Iván con Sofía, los intentos de
este para que ella lo perdone, y quizás, ya que estamos, le dé una nueva oportunidad. Todo
este ir y venir entre ambos personajes se presenta de manera inconsistente y errática, como
si el realizador no se decidiera si jugarse a fondo por el drama o darle aire con pasajes de
comedia que uno supondría voluntaria pero no está muy seguro. Hay un contraste notorio
entre la gravedad de lo que los personajes dicen y la liviandad de cómo lo dicen, entre el
supuesto torbellino emocional que afirman estar sintiendo y el tono de comedia de enredos
que por momentos parece que estamos viendo.
La puesta en escena no acompaña tampoco este devenir desde una propuesta visual, no
sólo acorde a los hechos presentados, sino que hasta se podría afirmar que prácticamente
no hay una propuesta visual. Desde una imagen siempre luminosa (en sentido literal), todo
el relato está apoyado en los diálogos recitados casi íntegramente a puro plano medio y
plano- contraplano hasta el infinito, como si no existiera otro recurso. Apenas unas escenas
tímidamente oníricas se apartan de ese planteo. Tras una conversación traída un poco de
los pelos entre Iván y Sofía, el primero pregunta “¿esto no es un poco surrealista?”. Claro
que una cosa es decirlo y otra cosa es mostrarlo.
Ya cerca del final, cuando parece que hay que sacar alguna conclusión, la pareja
protagónica se lanza a intercambiar una seguidilla de aforismos y frases trascendentes en
plan sanador. Más solemne que profunda, donde pretende conmover e inspirar, lo que
mayormente genera es una sensación de incomodidad y fastidio. El resultado habitual de
las películas de autoayuda.

CENIZAS AL MAR
Cenizas al viento. Argentina. 2022
Dirección: Diego Musiak. Intérpretes: Fabián Vena – María Ucedo – Cumelen Sanz, Sonia
Zavaleta. Guión: Diego Musiak. Fotografía: Ricardo de Angelis. Música: Sebastian Da Vinn –
Kai Engel. Dirección de Arte: Paloma Fernández Melul. Dirección de Sonido: Esteban Del
Río. Producción: Diego Musiak. Producción Ejecutiva: Diego Fernández. Duración: 80
minutos.

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