Estreno en salas.

Sabemos que la mitología vampírica es vasta y se remonta mucho más allá de su tradición cinematográfica, a la cual brindó numerosos títulos y figuras, muchos de ellos clásicos. De hecho, es conocido el dato de que el Conde Drácula es junto a Sherlock Holmes el personaje más veces llevado a la pantalla. En cualquier caso, el chupasangre más famoso no es el único vampiro, como tampoco es único su tipo. En una genealogía milenaria es lógico que los tipos de vampiros sean múltiples. Uno de estos es el Vurdalak, originado en el folklore ruso, cuya característica más sobresaliente es la voluntad de alimentarse de la sangre de sus seres queridos, especialmente de los miembros de su familia, lo cual añade un plus a la dimensión trágica inherente al personaje.

La versión literaria más conocida de esta variante del no-muerto seguramente es  “La familia del Vurdalak” escrito en 1839 por Alekséi Tolstói, primo del más célebre León Tolstoi y autor también de otro clásico vampírico: “Upiros”, también conocido como “El Vampiro”. “La familia Vurdalak” tuvo algunas adaptaciones cinematográficas y televisivas, siendo la más famosa uno de los tres segmentos de “Las tres caras del miedo”, film en episodios de 1963 dirigido por Mario Bava, con un inolvidable Boris Karloff, cuyo título en inglés, “Black Sabbath”, inspiró el nombre de ya saben cuál banda.

Este mismo cuento es el que sirve de inspiración para “Sangre Vurdalak», que lo adapta libremente pero conservando parte de su premisa. Con esta versión contemporánea del clásico, Santiago Fernández Calvete vuelve al terror sobrenatural que practicó en su primer film “La segunda muerte” (2012), luego de dos incursiones en el ámbito del Thriller.

En una casa en el medio del campo, Aguirre, un padre de familia interpretado por German Palacios, mantiene a sus cuatro hijos aislados, prohibiéndoles cualquier contacto. Algo a lo que Natalia, una de sus hijas interpretada por la actriz uruguaya Alfonsina Carrocio, claramente se resiste, escapándose cada tanto para ir a verse con su novio. Cuando la presión para ella se vuelve insoportable, intenta huir de casa una noche y es atacada por un vampiro que asegura conocerla. Su novio la rescata y ambos vuelven a la casa con la cola entre esas piernas. Es ahí cuando el padre revela el motivo de todas sus prohibiciones y cuidados aparentemente excesivos e irracionales. El desconocido atacante es en realidad un Vurdalak que está acechando a su familia, a la cual este obviamente también pertenece aunque la existencia de esta rama recién ahora se les revele.

Aguirre sale en medio de la noche a cazar al temible pariente y les dice a sus hijos que si no vuelve a plena luz del día para probar su humanidad, lo hará convertido a su vez en un Vurdalak y que, en tal caso, habrá que matarlo, no importa qué argumento engañoso intente emplear. Efectivamente el padre vuelve, pero lo hace en la hora mágica que precede al amanecer, con la noticia de la supuesta victoria y como si todo siguiera normalmente. Esto va a desatar la pregunta que va a flotar en la casa el resto del relato: ¿Es ahora el padre el mismo de siempre o una bestia que viene a beber la sangre de su familia?

Sangre Vurdalak parte de una premisa de terror con monstruo, pero es sobre todo una película donde lo que prima es la desconfianza y la paranoia. Desconfianza no solamente hacia el padre, sino desconfianza de los hijos entre sí, que adoptan diferentes y enfrentadas posiciones en cuanto a cómo reaccionar ante el peligro latente y llevan ese enfrentamiento hasta límites irremontables. En ese punto recuerda un poco a películas como “El enigma de otro mundo» o las diferentes versiones de “La invasión de los usurpadores de cuerpos”, donde el punto está en la incertidumbre acerca de si el otro es quien siempre fue o ha sido suplantado por otra cosa.

La idea de que gran parte de la película transcurra en las horas mágicas del amanecer y el atardecer va en la dirección de acentuar un sentimiento de irrealidad cercano a lo onírico. A esto contribuye la atmosférica fotografía de Manuel Rebella. Esta puesta calza bien con la idea de ambigüedad, de aquello que está en el medio: del día y la noche, de lo humano y lo monstruoso, de lo que es familiar y lo que dejó de serlo.

En las primeras escenas se deja claro que el mal existe y los monstruos son reales y no una invención, pero su aparición es escueta y en momentos específicos. Lo importante para Fernández Calvete pasa por otro lado. Y si bien esa elección puede frustrar a aquellos fans de un terror más explícito y basado en el impacto, puede sin embargo resultar atractiva para aquellos más interesados en los climas y en el juego entre lo familiar y lo desconocido cuando ambos parecen estar encarnados en un mismo objeto. Es decir, en lo siniestro.

SANGRE VURDALAK
Sangre Vurdalak. Argentina. 2020
Dirección: Santiago Fernández Calvete. Intérpretes: Germán Palacios, Alfonsina Carrocio, Naiara Awada, Tom CL, Lautaro Bettoni, Martín Rena, Carmela Merediz. Guión: Santiago Fernández Calvete. Fotografía: Manuel Rebella. Montaje: Mariana Quiroga Bertone. Dirección de Arte : Juan Pablo Maestre. Dirección de Sonido: José E. Caldararo. Leandro de Loredo. Música Original. Santosh Longadran. Producción Ejecutiva: Roxana Ramos, Paola Suarez. Duración: 90 minutos

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