Sin ninguna explicación, un día una mujer descubre que su cara cambió por completo, en un suceso tan fantástico como absurdo que determinará su vida de ahí en adelante y que marca la propuesta de «El rostro de la medusa», de Melisa Liebenthal, la segunda película argentina incluida en la Competencia Internacional de la 37ma. edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Luego de la primera proyección mundial de la película en el Teatro Auditórium, la sede central del certamen, la directora habló sobre el filme que se ocupa principalmente de la identidad en juego y la mirada propia y de los otros.

Liebenthal («Aquí y allá», 2019; «Constanza», 2018; y «Las lindas», 2016), cuenta que la génesis del proyecto se dio cuando, sin un rumbo definido, empezó a filmar animales en distintos zoológicos del mundo: «Empecé a pensar por primera vez en la vida en los animales que no tienen cara, que no tienen mirada y que no se puede proyectar esa otredad y de ahí lo de las medusas, un animal sin cara».

Rocío Stellato, Vladimir Durán, Federico Sack, Irene Bosch y Roberto Liebenthal integran el elenco.

¿Cuál fue el origen de este historia que tiene como base la identidad?
Bueno, yo empecé el proyecto con una idea como bastante abierta que tenía como base que me interesaba la relación de los humanos con los animales. Cuando fui a distintos festivales invitada por mi anterior película, «Las lindas», empecé a visitar zoológicos y acuarios alrededor del mundo y filmaba para ver qué encontraba, no tenía una idea muy clara de que estaba buscando pero con ese material finalmente lo que más me llamó la atención fue que sentía que las personas buscaban mucho ser reconocidas por los animales, cruzar la mirada con ellos, y a partir de ahí empecé a pensar por primera vez en la vida en los animales que no tienen cara, que no tienen mirada y que no se puede proyectar esa otredad y de ahí lo de las medusas, un animal sin cara como muchos otros.

Este fue el núcleo duro de donde se escribió la ficción y la historia de Marina, que le cambia la cara de repente, todo alrededor de las preguntas, sobre qué es un rostro, por qué nuestra identidad está tan anclada a eso aunque podría ser de otra forma.

Son preguntas muy abstractas, pero a la vez siento que son muy ricas, potentes, que habilitaron toda la búsqueda y todas las exploraciones que tiene la película.

La referencia inevitable es «La metamorfosis» de Franz Kafka, aunque la película va un paso más allá al mostrar la transformación terminada.
La verdad es que no hablamos mucho de Kafka cuando escribíamos la película, aunque es una referencia que todos tenemos, pero no fue algo que dijimos «bueno, vamos a dialogar con ‘La metamorfosis'», nos parecía mucho más gracioso que la película empezara con que ya le cambió la cara a la protagonista; no teníamos interés en narrar la transformación, el cambio era la excusa para indagar sobre todas las preguntas que plantea la película. Esto es literal, ella dice «me cambió la cara», era todo lo que hacía falta.

¿En algún momento pensaste en escribir más o menos pero sin introducir el tono de comedia?
La verdad que sí, este proyecto tuvo muchas formas en el proceso de escritura y de investigación, tenía un montón de ensayo, un montón de reflexión, entonces hicimos varios intentos; al principio no tenía un tono cómico, eso apareció luego cuando empecé a trabajar con el guionista Agustín Godoy y nos pareció mucho más apropiado para lo que queríamos hacer.

La película tiene animación y juega un papel importante en la historia. ¿Por qué decidiste incluirla?
Bueno fue una decisión que yo por ahí no tenía tan clara, porque era muy difícil guionar esta secuencias más experimentales, el trabajo de animación y la manipulación de imágenes en cine eso se lo asocia con la posproducción, pero todos estos recursos se terminaron de encontrar en el montaje.

Para mí las animaciones fueron una manera de abordar de vuelta a todas estas cuestiones sobre las preguntas de la identidad, de abordarlas lo más indirecta, plástica y sensible posible y no con una voz en off, que es lo más típico, que guía al espectador, pero que para nosotros achataba la potencialidad de la película.

¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?
Las referencias siempre me cuestan un montón, no soy muy de estudiar directores o películas pero justamente hace poco vi una película del rumano Radu Jude, «Sexo desafortunado o porno» y sentí que también tiene algo muy ensayístico en su forma y en su aproximación a la ficción. Con eso me identifico bastante pero hay mucho cine contemporáneo que trabaja con esa idea.

T: ¿Qué significa participar en el Festival de Mar del Plata en la Competencia Internacional?

ML: Está buenísimo el festival, me encanta desde que empecé a estudiar cine y empecé a venir Mar del Plata en esta época y por supuesto, toda la programación y ahora que soy parte de esto me genera una gran emoción.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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