La cinefilia melómana cumplió con una cita casi obligada en esta edición de Festival de Mar del Plata con la proyección del documental sobre Cohen de Dayna Goldfine y Dan Geller.

Más específicamente un relato sobre su tema-himno «Hallelujah», compuesto en 1984 pero que le demandó a Cohen siete años de arduo trabajo en decenas de libretas de versos en la búsqueda de las palabras justas para hablar sobre sus dudas existenciales, que plasmó en la canción a través de referencias a historias de la «Biblia» y del abordaje de la fe desde distintas creencias ancestrales.

«Siempre pensé que había algo malo en mí y que había que arreglarlo a través de la búsqueda de la espiritualidad», dice el músico en uno de los pasajes de la película, dando pistas sobre una vida en la que trató de buscar respuestas o, mejor, formular las preguntas adecuadas a su insatisfacción permanente que rebalsaron su origen judío, en un recorrido que lo llevó desde tener en las giras a algo así como un asesor espiritual japonés o a recluirse por años en un convento zen de la ciudad de Los Ángeles.

La película trata de «Hallelujah», una canción casi religiosa que luego, muy lentamente fue tomada por la cultura pop, primero a través de Bob Dylan y luego de su propio autor, que la transformó e hizo suya sacándole los versos más religiosos para convertirla en una obra secular.

Después fue el turno de Jeff Bukley, que con su voz angelical y a la vez atormentada la llevó a un nuevo nivel de popularidad para que la tomaran artistas como Bono, Myles Kennedy, Rufus Wainwright, Regina Spektor y muchos más. De ahí a los participantes de distintos realities que probaron suerte con la canción en envíos como «American Idol» o «The Voice» y, finalmente, sonando como música de fondo de casamientos y velorios hasta llegar a una versión reducidísima en la película animada «Shrek», que dio varias veces la vuelta al Globo.

Con un impresionante material de archivo sobre el poeta, el documental de Dayna Goldfine y Dan Geller retrata a Cohen desde que empezó su carrera tardía como músico a los treinta años, hasta su última gira en 2016, cuando poco antes de su muerte a los 82 años, se tomaba con humor la vejez y contaba en una entrevista: «Como decía Tennessee Williams, en general la vida es una obra bien escrita, salvo por el tercer acto».

Publicado originalmente por el autor en Télam.

Compartir