De Miguel Abuelo a Charly García, de Andrés Calamaro a Federico Moura, pasando por Pipo Cipolatti, Fabiana Cantilo y Fito Páez entre otros tantos músicos y músicas, fueron retratados por la cámara de la destacada fotógrafa Andy Cherniavsky, quien en «Expuesta», de Eduardo Raspo, cuenta su vida y obra, que es en definitiva un testimonio gráfico de la era dorada del rock nacional.

El filme de Raspo («Tatuado», 2005; «Geisha», 1996), que se estrena hoy comercialmente, tiene a la propia Cherniavsky contando su origen acomodado como miembro de una familia con problemas y cómo casi por casualidad abrazó al rock nacional, en donde encontró su lugar de pertenencia desde su pasión por la fotografía para, a partir de allí, convertirse en una testigo privilegiada y también protagonista de la escena musical de los ochenta hasta el presente.

«Conozco a Andy desde hace muchos años y siempre creí que en su vida había una película», cuenta Raspo sobre el origen del proyecto, y amplía: «Tanto por las particularidades de su historia, como por el camino recorrido, su capacidad de regenerarse y, por supuesto, la calidad de su obra fotográfica».

Andy Cherniavsky narra el detrás de la escena de cada foto, el contexto y anécdotas de los músicos con los que tuvo una relación laboral pero también de amistad, en lo que constituye una apuesta por contar una época en primera persona, porque según explica Raspo «ella demostró un compromiso profundo en contar su historia en toda su dimensión y, claro, contar de manera festiva esa larga noche algo tóxica y muy divertida que fue la década de los ochenta».

¿Por qué una película sobre la obra y la vida de «Andy» Cherniavsky?
Conozco a Andy desde hace muchos años y siempre creí que en su vida había una película, tanto por las particularidades de su historia como por el camino recorrido, su capacidad de regenerarse y, por supuesto, la calidad de su obra fotográfica. Estaba convencido de eso y lo fuimos hablando durante años, pero Andy se resistía a la idea de hacer una película sobre ella hasta que de algún modo logré convencerla, pero después no coincidíamos con los tiempos de cada uno para poder desarrollar un proyecto. Paradójicamente la pandemia nos dio justamente eso, tiempo. A través de numerosos (intercambios por) Zoom logramos finalmente darle forma a lo que queríamos hacer y rápidamente se sumó el productor Luis Sartor, que terminó siendo la tercera parte de proyecto para llevar adelante la película.

¿Cómo decidiste que la propia Andy Cherniavsky fuera la que contara su vida y su obra? ¿Barajaste otras alternativas?
Sí, barajé otras posibilidades: la idea de entrevistar músicos, productores musicales, otros colegas; iba y volvía, pero finalmente entendimos que debía ser la propia Andy quien debía llevar adelante la totalidad del relato. Es alguien que narra muy bien, tiene profundidad, reflexión y gracia. Yo estaba convencido de que ella sola podía sostener la película. La gran confianza que nos tenemos permitió generar en el rodaje momentos de mucha emoción; ella demostró un compromiso profundo en contar su historia en toda su dimensión y, claro, narrar de manera festiva esa larga noche algo tóxica y muy divertida que fue la década de los ochenta.

¿Qué significa la obra de Cherniavsky como documento de época del rock nacional?
Andy tuvo siempre la capacidad y la lucidez de estar en el lugar indicado y en el momento indicado. Lo estuvo con Serú Giran, Los abuelos de la nada, Virus, Sumo, Los Twist, Los Redondos, y tantos otros. Entonces sus fotos conforman un archivo de época hermoso, porque tiene la frescura y la ingenuidad de quien no es consciente del material que está produciendo. El tiempo le daría la dimensión que ahora tiene, y como a mí me gusta mucho trabajar con archivos, a mi juego me llamaron. Ese sería el punto de partida para estructurar la película.

En el documental hay muchas copias de trabajo, material inédito, fotografías nunca vistas encontradas luego de muchas horas de visualización de ese archivo.

¿Cómo se conecta esta película con tus filmes anteriores?
Está película cuenta mis 20 años. Si «Tatuado» habla de mi adolescencia, «Expuesta» cuenta los años que vendrían después. Parte de la historia de Andy es la historia de una generación, de mi generación. Salíamos de la peor de las dictaduras de nuestra historia y los años ochenta, más allá del dolor y la tristeza por las atrocidades cometidas, eran una promesa de libertad, alegría y festejo. Y como tal yo encarné esos años como una larga noche divertida.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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