Teatro

Duodécima noche en el Theatre Clwyd – reseña

Las obras de Shakespeare no son ajenas a reinterpretaciones únicas, y esta producción de duodécima noche at Theatr Clwyd ciertamente ofrece una puesta en escena vivaz y audaz. Reelaborando el texto original en una escapada queer contemporánea, la dirección de Juliette Manon explora la identidad, el amor y una generosa dosis de travesura a través de una lente moderna, una lente bien intencionada, pero a veces tan densa que corre el riesgo de perder a la audiencia en sus hilos.

La descripción de Manon pone en primer plano lo queer no como subtexto sino como pieza central, particularmente a través de la reinvención de Viola vía Cesario (Lee Braithwaite) como un personaje trans, junto con la relación entre Sebastian y Antonio. El resultado es visualmente impactante y conceptualmente rico, pero no siempre del todo cohesivo.

A veces, la producción lucha por equilibrar sus ideas con la claridad emocional de la narración de Shakespeare, mientras el caos se extiende más allá del romance. La narrativa encuentra su base más sólida en las actuaciones de Braithwaite y Bethan Rose Young (como la condesa Olivia), mientras que la casa de Olivia se convierte en un escenario para juergas de borrachos y trucos crueles.

Braithwaite ofrece una clase magistral de actuación, aportando un encanto magnético a su papel y navegando por las complejidades del personaje con facilidad. Permite que el personaje tome forma a través de una interpretación honesta y una entrega basada en las emociones. En otros lugares, el conjunto se apoya en las travesuras de la obra, abrazando el humor y el absurdo que definen duodécima noche.

Un giro cómico destacado proviene de Lucy Ellinson como Lady Toby Belch, con cambio de género, que planea humillar al criado Malvolio, brillantemente interpretado por Phylip Harries, un espectáculo con su traje de lentejuelas doradas.

Phylip Harries, Philippa Cole, Joseph Benjamin Baker, Lucy Ellinson en Duodécima noche

La escenografía de Cai Dyfan resulta versátil y convierte a Illyria en un espacio contemporáneo que evoluciona con la acción. Si bien la estructura en sí permanece constante, anclada por una lámpara de araña y una piscina poco profunda, la forma en que se utiliza mantiene el escenario dinámico. Además, el diseño de sonido de Eamonn O’Dwyer establece una atmósfera desde el principio, con momentos musicales delicados y bien ubicados que respaldan los aspectos más caprichosos de la obra sin abrumarlos.

En definitiva, este es un duodécima noche que se atreve a ser diferente, y aunque no siempre logra hacer realidad plenamente su visión, sigue siendo una versión interesante y, a menudo, atractiva de la comedia de Shakespeare, con la voz etérea de Arwel Gruffydd.

Como un cristal de mar, suavizado por el tiempo, hermoso en fragmentos, esta producción ofrece momentos de sorprendente celebración, aunque nunca llegue a estar completa, y aun así ofrece una deliciosa velada de teatro.